Nika mi sensual adiccion
K
Katador de culos@rosaceleste
$10,000·Oct 8, 2026
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Toluca México, 8 de octubre de 2026.
Hay noches que comienzan como cualquier otra y terminan convirtiéndose en recuerdos imposibles de borrar. Aquella noche, sin embargo, había algo diferente en el aire. Quizá era la cercanía de mi cumpleaños, quizá la extraña sensación de que el destino había preparado algo especial para mí. Total que pactamos la tarifa en 10,000 por 2 horas con todo incluido, cuando digo todo es TODO lo que te viene a la mente, mi mente perversa empezó a mal viajar inmediatamente.
Llevaba días imaginando aquel encuentro. Nika Hamilton era el nombre que regresaba a mis pensamientos una y otra vez, envuelto en una mezcla de curiosidad, fascinación y misterio. Su figura atlética, esa cara de ángel con toques de libanesa, su elegancia y aquella imagen de mujer segura de sí misma habían despertado en mí una expectación difícil de explicar.
Al llegar al hotel, la ciudad quedó atrás, reducida a un murmullo distante de motores, luces y voces. Después de registrarme, ma asignaron la villa 16. El número quedó grabado en mi memoria sin que pudiera explicar por qué.
Me duché, intenté tranquilizar mis pensamientos y planear el encuentro. Fue entonces cuando escuché tres golpes en la puerta. Al abrir, la encontré allí.
Vestía de negro, con unos zapatos negros con tacón alto y dorados que contrastaban con la elegancia de su atuendo. Su mirada transmitía seguridad, pero había algo más en ella: una serenidad extraña, casi sobrenatural, como si conociera un secreto que el resto del mundo ignoraba.
—Así que tú eres quien llevaba tanto tiempo esperando esta noche —dijo con una sonrisa.
Su comentario me sorprendió.
—¿Cómo sabes cuánto tiempo llevo esperándola?
Nika inclinó ligeramente la cabeza.
—Hay deseos que dejan huella, incluso antes de cumplirse.
Cerré la puerta y, durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada. La distancia entre nosotros parecía haberse reducido sin que ninguno se moviera. El ambiente adquirió una intensidad difícil de describir, como si el tiempo hubiera decidido detenerse para concedernos una pausa en medio del ruido de la ciudad.
Nos acercamos y nos besamos. Fue un beso pausado al principio, lleno de curiosidad, que pronto reveló la atracción que ambos compartíamos. Su cercanía, el perfume de su piel y la calidez de su abrazo hicieron que olvidara por completo las preocupaciones que había llevado conmigo durante el día.
—Esta noche no mires el reloj —susurró.
Sonreí, sin imaginar lo literalmente que debía tomar aquellas palabras.
Comenzamos con unos besos atascados me sentó en la orilla de la cama y empezó a babear por su faldita diminuta mientras me restregaba el culo con una tanga de hilo que se le veía deliciosa, pasaba mis manos por todo su cuerpo mientras nos veíamos en el espejo me hacía un bailecito y se quitaba la ropa, unas tetas de cirujano que me encantaron con un pezón paradito más que mi verga, comencé a chuparlo y ella bajó mi mano a su vagina comencé a tocarla y se empezó a sentir la humedad.
Me pide que me recueste y comienza a chuparme las bolas y así recorrió con su lengua mi pene lo escupió y comenzó a mamarmela frenéticamente como si no hubiera un mañana, solo podía ver su carita de gozo, se la metía hasta el fondo y sus ojitos le lloraban, chaqueta, escupida, atención a los gemelos, chupada así por unos 8 min.
Me coloqué el preservativo y comenzamos en la posición del misionero. Ella elevó la cadera y me pidió que aumentara la intensidad, así que seguimos durante unos minutos, dejándonos llevar por la pasión del momento, mientras ella también disfrutaba acariciándose. Después me pidió cambiar de posición y se colocó encima de mí. Era imposible no admirar su espectacular figura, sus curvas y sus piernas bien torneadas. Además, tenía una resistencia sorprendente, algo que hizo que la experiencia fuera todavía más intensa. Más tarde, cambiamos de posición. Se apoyaba en las sábanas y las almohadas, y en ocasiones me tomaba de las manos para acompañar el ritmo. La complicidad entre ambos hacía que cada momento resultara más espontáneo y apasionado. Finalmente, me propuso continuar en el sillón gris. Allí tomó la iniciativa y disfrutó del momento con una energía y una seguridad admirables. Después, se giró y se apoyó en la pared de madera, dando un cierre diferente a aquella experiencia que, sin duda, recordaría durante mucho tiempo por último la pongo en 4 y es cuando le pido el sin esquinas me lo da y dios santo estaba tan caliente y apretado que fue la mejor experiencia de mi vida, entre más estas con ella más quieres estar no cabe duda que jala más un par de tetas que un par de carretas y que par de tetas.