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Motel Atenas
Ella tenía el control de la situación, me fue orillando a la cama hasta me acostó para retirarme ella los zapatos, el pantalón y los calzones, en ese momento mi miembro estaba completamente erecto listo para la acción, lo enfundo y empezó con un oral profundo e intenso con mucha baba, en momentos de lo tragaba todo y me volteaba a ver con su trasero en alto, esa vista hacía que me perdiera en el placer, para que no acabara tomaba su cabeza para que se quedara ahí, ella ahogándose con mi pene en la boca no me dejaba de ver hasta que la liberaba para que pudiera liberar toda la baba guardada en mi sexo y mis huevos, con ese impulso bajaba a lamer a los gemelos, se los tragaba, lamía un poco más abajo para alcanzar el ano y regresaba al pene para volverlo a introducir en su boca completo.
No sé cuánto duró así, por lo menos fueron 10 mins, ella estaba dispuesta a seguir pero le pedí que se subiera de vaquera, en cuanto se subió empezó a brincar sobre mi riquísimo, con ritmo y sin parar, a los pocos minutos sus gemidos indicaron su primer orgasmo, apretó mi miembro con su vagina y se abalanzó sobre mí para besarme y seguir, yo empecé a empujar para ahora yo tomar el control, en unos minutos más ya se había corrido por lo menos otras dos veces, la abrazaba para que no se pudiera levantar y sintiera mis embestidas, sus piernas empezaban a temblar y sentía como la miel le escurría de su sexo para resbalar por mis piernas.
Segunda Parte
En un momento me agarró de los hombros y me jaló para que nos volteáramos y pudiéramos seguir de misionero, nuestros cuerpos se fundían en uno solo, ninguno de los dos cedía, yo la penetraba con fuerza y la tomaba de la cabeza y después de las manos para inmovilizarla, ella seguía gimiendo con fuerza y todo su cuerpo se retorcía de placer para indicar un orgasmo y otro más.
Al fin no pude más y me vine, me recosté sobre la cama para jalarla hacia y poder seguir besándola, en ese momento éramos dos amantes inmersos en un deseo sin fin, nuestras piernas enroscadas sin intención de dejarnos ir. De la bocina que lleve salía la melodía de los enanitos verdes: … frenar el mundo por un segundo y que me digas cuánto querías que esto pasara una vez más!
Por fin nos separamos y pudimos respirar, cuando me di cuenta el reloj marcaba 10 mins para que terminara la hora de la cita, no lo podía creer, en mi mente había pasado apenas un momento, le pregunté si podía quedarse una hora más, me sonrío con un gesto cómplice y me dijo que si, solo tenía que avisar.
Le transferí la otra hora y platicamos un poco para poder descansar y tomarnos unas cervezas, reímos de algunas anécdotas y las coincidencias de la vida, poco tiempo después ella me propuso que nos metiéramos al jacuzzi, ya ahí la acerque hacia mí para poder tocarla y besarla, los besos empezaron de nuevo, nuestros cuerpos ya se reconocían y mi erección ya parecía una piedra lisa.
Me siento al borde y ella en cuatro en el jacuzzi enfunda mi pene y empieza con ese delicioso oral profundo, la tomo de su cabeza y empiezo con un deepthroat riquísimo que no quería que terminara, pero para no venirme y seguir disfrutando me metí al jacuzzi y la puse sobre mi, en la bocina empezó lucha de gigantes, el encuentro se volvió de película, ella se movía ahora lentamente, yo sentía todo mi sexo entrar y salir en ella, nuestras bocas nunca se separaron, así seguimos bastante tiempo, no faltaron los orgasmos de su parte, fue sin duda el clímax de la cita.
Me pidió que regresáramos a la cama , ahí se puso en cuatro y yo sin dudarlo empecé a embestirla de perrito, ella se extendía en la cama y pasaba una mano por debajo de mí para acariciar mis huevos dulcemente, difícilmente puedo describir el placer que esto me provocaba, seguí y la jalaba del pelo y de sus caderas, pasó bastante tiempo y me derrumbe en la cama sin venirme pero ya estaba cansado, ella notando mi erección todavía empezó a jalar mi pene, yo estaba muy excitado, le pedí que siguiera así pero que me chupara los gemelos, se sumergió en ellos y yo empecé a masturbarme, cuando estaba ya muy excitado la tomé de la cabeza para sumergirla más y que me hiciera beso negro, ella atrapada chupaba todo sin parar y gemía, estaba totalmente hundida, yo no pude más y me vine en un gran orgasmo.
Nos habíamos terminado la otra hora, los dos felices y satisfechos nos metimos a bañar juntos, nos vestimos y hablamos de como nuestras expectativas del encuentro se habían superado. La bajé a su vehículo y nos despedimos con beso largo, prometiendo que nos volveríamos a ver.
Cuando se fue estaba un poco aturdido, me costaba entender lo que acababa de pasar, pero estaba agradecido porque la química y la experiencia nos habían favorecido en esta ocasión.
Candy Rank
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Experiencia inolvidable, una mujer hecha en toda la extensión. La MILF perfecta, muy transparente en su información, su trato y su físico. La fruta madura es la más sabrosa.