
#RenataVip #CDMX
• Diva: Renata VIP
• País de origen: México
• Arancel: $2,000 por hr.
• Servicio incluye: Trato de novios, Besos bien dados, Relaciones ilimitadas dentro del tiempo contratado, Oral natural, Caricias y faje, Masaje. Nota: si se lo pides con anticipación, puede llevar trajes o disfraces con costo adicional.
• Lugar: Pasadena
• Fecha: 27 de julio de 2026
• Puntualidad: impecable, siempre puntual.
• Reseña:
Renata es ya una visita recurrente en mi calendario. Hace unos días, vi uno de sus estados de WhatsApp donde lucía un traje rojo que encendía la memoria, y no pude evitar revivir, en un destello, todas las veces que la he tenido enfrente. Le escribí para saber si el lunes estaría disponible. Me respondió con un saludo cálido, preguntando cómo había estado, y entre palabras que sabían a reencuentro, acordamos vernos a las 2:30 en el Pasadena. Me adelantó que me tendría una sorpresa entre sus prendas.
Terminé algunos pendientes en la oficina y cerca de la 1:00, le avisé que ya estaba en camino. Al llegar a la recepción del Pasadena, me topé con dos gratas coincidencias: Mellani y Michelle, dos colombianas con las que compartimos charla mientras sorteábamos el turno con la recepcionista. Quedamos en reencontrarnos pronto, nos despedimos y pedí mi habitación. No sé si fue casualidad o estrategia del destino, pero a esa hora solo tenían disponible una con jacuzzi. Ya estaba ahí, con el tiempo encima, no valía la pena buscar otro refugio.
Subí, preparé el jacuzzi, y me entregué al ritual de la higiene: ducha, limpieza dental, desodorante, loción. Como banda sonora, elegí a 21 Savage, y mientras esperaba, me vestí de nuevo y revisé correos. Renata, puntual como un latido, me mantenía al tanto de su llegada. A las 2:30 en punto, pidió el número de la habitación. Minutos después, un toque en la puerta, y al abrir, se colgó de mi cuello como una enredadera y me plantó un beso de esos que desordenan el alma.
Mis manos ya recorrían sus jeans, tensos como promesas. Al separarnos, rozó mi entrepierna por encima de la tela y susurró que ya lo extrañaba —y yo sentí que el tiempo se doblaba.
Pasó a acomodar sus cosas y comenzó a cambiarse, tomando mis manos para guiarlas por sus nalgas, sus piernas, su cintura. De la maleta sacó el atuendo de esta noche: un traje de monja. Se lo puso mientras yo encendía un cigarrillo, y desde la cama la vi bailar en el tubo de la habitación, como una visión entre lo sagrado y lo profano.
Al terminar la primera canción, se acercó y el beso se hizo incendio. Sus manos y las mías reconocieron cuerpos que ya se sabían de memoria. Bajó hasta mi bragueta, deslizó el pantalón, el bóxer y comenzó con besos delicados que pronto se volvieron devoración. Su lengua trazó caminos, escupió, golpeó su rostro con mi deseo, yo solo fui testigo de su ceremonia.