

#DannaGatti #CDMX
• Diva: Danna Gatti (ó Danna Bugatti)
• País de origen: México
• Arancel: $2,500 la hora + $1,500 del tiempo extra / $900 oral natural / $150 disfraz (*se solicita anticipo de $300*).
• Servicio incluye: Trato de novios, besos bien dados, relaciones ilimitadas (dentro del tiempo contratado), oral con protección, caricias y faje.
• Lugar: Picasso Circuito
• Fecha: 25 de junio de 2026
• Puntualidad: "La puntualidad es la cortesía de los reyes" — y ella, definitivamente, es una reina.
• Reseña:
Había visto que se anuncia en Divas Vip 2 y Divas Vip 3; su nombre me era familiar gracias a nattypetite.
Scrolleando en Divas Vip 2, vi su anuncio y me llamó la atención la pequeña imagen suya que aparece en su mensaje. Entré a su perfil y reconocí en ella todo lo que me gusta en esta vida. Le escribí en el chat general para preguntar si podría revisar el mensaje que le envié solicitando información de su servicio. De manera atenta, me respondió con todos los pormenores y acordamos vernos en el Picasso Circuito ese mismo día por la noche.
Le pedí que llevara el disfraz de colegiala y procedí a hacer el depósito para amarrar la cita de una vez.
LA CITA:
Por la noche, tomé camino hacia el Picasso Circuito y le envié un mensaje para avisarle que ya iba en camino. Cuál fue mi sorpresa que me contestó que ¡ella ya estaba ahí! Oh, shit. Le metí turbo al asunto, estacioné al pequeño bandido y pedí mi habitación lo más rápido posible.
Procedí con lo que marca la etiqueta para estas ocasiones: baño, limpieza dental y loción. Puse la lista de reproducción de OVO (October’s Very Own, para los que no saben) y me volví a vestir. En lo personal, no es de mi agrado esperar a las divas en toalla o en ropa interior; creo en el placer de ir descubriendo poco a poco cada parte del cuerpo.
Le envié mensaje con la foto de la habitación y, justo en punto de la hora acordada, tocaron a mi puerta.
EL ENCUENTRO:
Al abrir, descubrí una gran sonrisa que enmarcaba un bello rostro con un par de ojos misteriosos. Ella, enfundada en un vestido color vino, dejaba notar todas las bellas curvas de su cuerpo al pasar. De lo nervioso, no me di cuenta de que estaba pegado a la pared y golpeé los apagadores; los dos reímos al instante.
Dejó sus cosas y comenzamos con las formalidades. Me preguntó si me ponía el disfraz solicitado o si deseaba comenzar así. Le pedí que pasara a cambiarse y, en cuestión de segundos, apareció frente a mí con una inmensurable belleza colegial.
La tomé de la cadera y comencé a besar su abdomen mientras, con mis manos, recorría su espalda y sus nalgas. Subí hacia sus labios y me recibió con besos ensalivados y profundos, de esos que solo los amantes que tienen tiempo sin verse ansían.
La tomé de la mano y la recosté en la cama sobre su espalda, abriendo sus largas piernas coronadas con tacones negros y medias blancas. Me acerqué a su flor y reconocí la dulzura que estaba frente a mí. Hice a un lado su ropa interior y, vaya festín que me di viendo cómo, con una mano, ella se acariciaba los senos y, con la otra, apretaba las sábanas.
Mordisqueé su entrepierna y la acomodé de rodillas, levantándola sobre la cama. Ella, sin dejar de hacer contacto visual, tomó mi pene y empezó a lamerlo primero de manera gentil y después ya con el deseo de amantes. Recogí su cabello y comenzó a tragárselo todo, escurriendo saliva a borbotones, todo intercalado con besos.
EL DESARROLLO:
Le susurré al oído y ella, sin dejar de mirarme, se acomodó en cuatro. Acaricié sus nalgas y recorrí con mi lengua su intimidad, saboreando su dulzura. Me detuve, enfundé y me adentré de manera violenta en su ser, mientras la tomaba de la cintura y azotaba sus nalgas de manera suave.
Me retiré y le pedí que me montara. Ella, estando arriba de mí, tomó mi pene con su mano y lo introdujo mientras me miraba a los ojos; entendimos el placer que estábamos compartiendo. Comenzó con los movimientos de cadera mientras apoyaba sus manos sobre la cabecera.
Una de mis manos recorría su trasero y la otra acariciaba sus senos. Tomé su mano y la coloqué sobre mi cuello, e hice lo mismo hacia ella. Seguimos saboreando nuestras bocas sin parar.
Comenzó a moverse más rápido, a lo que respondí de igual manera. Reconforté mi rostro con sus pechos, la abracé y alcanzó el punto máximo de mi placer. Quedamos abrazados unos instantes y ella procedió a retirarme el forro y limpiarme.
EL DESCANSO Y LA SEGUNDA RONDA:
Se recostó a mi lado y comenzamos una pequeña charla donde reímos y descubrimos intereses y diferencias. Me levanté y me di un regaderazo. Regresé a la cama y comenzamos con besos profundos de nuevo. La tomé de la cabeza y ella entendió con la mirada que lo que deseaba era que continuáramos con los orales.
Se recostó entre mis piernas y comenzó a tragárselo todo, a la par que lo llenaba de saliva, lamiendo mis bolas y acariciando mi pene de manera frenética, mientras yo acariciaba sus nalgas y devoraba su intimidad como desesperado.
La acomodé en cuatro de nuevo frente al espejo. Me enfundé y comenzamos con el vaivén de nuestros cuerpos. La penetración era cada vez más fuerte y los ruidos, más explícitos. Me detuve y la llevé a una de las esquinas de la cama. Recostada sobre su espalda, comencé a acariciar y lamer sus pies, bajando poco a poco hacia su intimidad para saborearla.
Me levanté, tomé mi pene y comencé a penetrarla, aumentando la velocidad. La vista no podía ser mejor: ella acariciando sus senos mientras mi mano sujetaba firmemente su cuello. Nos detuvimos y se recostó boca abajo. Comenzamos de nuevo: sujeté sus manos y la dejé inmóvil por un momento mientras nuestro ritmo se hacía más fuerte.
EL CLÍMAX:
Nos detuvimos y me recosté. Ella decidió montarme, ofreciéndome la vista espectacular de su trasero. Su ritmo era perfecto, impecable, sin torpezas. La detuve, quise besarla de nuevo. Se giró y comenzó de nuevo sus movimientos: cada vez más fuertes, cada vez más rápidos. Comencé a sentir las contracciones de su interior. No dijimos nada, solo estábamos perdidos en el acto.
Comencé a sentir su humedad; aumentamos la velocidad y comenzamos a besarnos. Entonces llegó la petite mort. Nos abrazamos, continuamos, pero ahora muy despacio, disfrutando cada sensación. Me pidió que no me detuviera. Poco a poco fuimos incrementando el ritmo. Me tomó del cuello y me dio una bofetada. La sujeté de sus caderas con más fuerza; son nuestros movimientos y nuevamente llega ese instante donde todo se desvanece.
Me pidió continuar despacio, disfrutando la fragilidad del momento. Nos seguimos besando. Me retiré de ella y solo quiso devolverme la atención. La coloqué de nuevo entre mis piernas, me retiró el preservativo y comenzó a darme pequeños besos en mis partes y mis piernas mientras me masturbaba, siempre regresando a saborear mi pene hasta que mis gemidos se volvieron más graves.
EL CIERRE
Nos dimos un momento, sonreímos y observamos la complicidad en nuestros rostros. Se levantó y regresó con papel para limpiarme. Seguimos platicando mientras cada quien entraba a la regadera. Una vez vestidos, seguimos riendo y contando experiencias, hasta que nos dimos cuenta de que había pasado 1 hora y 30 minutos.
Seguimos platicando; ella me recordó que no había cubierto el arancel y procedí a hacer la transferencia. Juntamos nuestras cosas y dejamos atrás ese cuarto que, por un corto lapso, fue solo nuestro. La acompañé a su auto, un último abrazo y beso, y la promesa de repetir la cita más adelante.
Recomendación: Muy buena experiencia. Trato amable, puntualidad impecable, servicio completo y una conexión genuina. Altamente recomendable o como digo "Servicio Mamalon".